miércoles, mayo 11, 2005

Escalofrío

Leí a primeros de año Si esto es un hombre, de Primo Levi. En esos días, concretamente el 27 de enero, se conmemoraba el 60 aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, en el que él estuvo deportado. El libro cuenta al detalle la crueldad extrema que padeció allí dentro, el proceso de embrutecimiento de un hombre, su cosificación (propósito nazi para quitarle hierro al genocidio: si un hombre se convierte en un animal o una cosa no es tan grave quitarlo de en medio) y, finalmente, su milagrosa salvación, por casualidad, frente a la aniquilación de miles de personas. Claro, el asunto no se presta a florituras literarias.
Cuando Primo Levi volvió a Italia, retomó su carrera como químico industrial y se jubiló en 1974. Entonces se dedicó con más intensidad a la literatura y también a recorrer colegios e instituciones para contar el horror que le tocó vivir. Hasta que en 1987 se suicidó tirándose por el hueco de las escaleras de su casa.
Leer este dato, tras acabar el libro, me dejó cara de idiota. Pertenezco a una cultura (o he crecido en un entorno) en la que el suicidio es -y sigue siendo- un tema tabú. Lo que no quiere decir que no comprenda que también se trata de una opción (e incluso, como sostienen algunas personas de mi círculo, una opción que cualquier persona inteligente, con solo mirar a su alrededor, debe plantearse con una frecuencia superior al prescriptivo peregrinaje a La Meca. Pero ese es otro jardín). Pero si alguien sobrevive al horror nazi, lo cuenta en varios libros e infinidad de conferencias y 40 años después decide suicidarse, perdónenme que sienta un escalofrío.
Esta mañana también he sentido otro escalofrío. He leído que Enric Marco ha tenido que reconocer que lleva 30 años mintiendo porque él nunca estuvo deportado en el campo de exterminio de Flossenburg, en contra de lo que había sostenido hasta ahora por activa y por pasiva refleja. En su libro autobiográfico Memoria del infierno (1978), en cientos de entrevistas y en multitud charlas en colegios.
Por supuesto que no pienso hacer leña del árbol caído (en ningún caso, y menos si se trata de un octogenario; me lo enseñó muy bien mi madre), pero es que no puedo evitar pensar en los verdaderos deportados y en este inmenso dolor gratuito que se les acaba de ocasionar. No hay derecho.
Tampoco entiendo las motivaciones que pueden llevar a alguien a elegir impostar algo así. Vale que algunos personajes del colorín compraran sus carnés de conducir en un puesto ambulante de Tánger. Vale que el truhán Luis Roldán no fuera ni bachiller, a pesar de tener unos cuantos títulos universitarios de pega, o que a los Milli Vanilly -o como se escriba; no pienso comprobarlo- solo les cantara la halitosis. Pero hacerse pasar por un superviviente de los campos de exterminio nazi sin serlo, me deja totalmente sin recursos. "Llámenme tonta, llámenme caprichosa, pero así es como soy" (F.L.)
En fin, pospongo para otro momento mis propuestas legislativas, que incluirán bien entendu todo el inventario de La Retorno, la amiga del Señor Baby(lone) Killer.

4 comentarios:

Manuel dijo...

Pues al tal Marco ese lo único decente que le queda por hacer es fingir su suicidio, ¿no?

Vipère de Gabon dijo...

Por redundar en otros puntos de vista sobre el suicidio, cito a continuación una frase de Fran Lebowitz de su libro "Vida metropolitana", dentro de sus consejos sobre cómo evitar leer y/o escribir cosas que te lleven a la ruina:

"Poesía.

Si opina Vd. que la simple contemplación del suicidio basta para evidenciar una naturaleza poética, no olvide que los actos son más expresivos que las palabras".


En otro orden de cosas, en el mismo capítulo encontramos una de mis frases favoritas:

"Revistas de especial interés.

Ser mujer solo interesa si se aspira a ser transexual masculino. Para las mujeres de verdad, es tan solo una buena excusa para no jugar al fútbol"

Señores:
Gracias por sus comentarios.

Vipère de Gabon dijo...

Y aún otro punto de vista más: estos versos de "Suficiente cuerda" de Dorothy Parker, toda un experta en la cuestión:

"Las cuchillas duelen,
los ríos mojan,
los ácidos manchan,
las pastillas dan calambres,
las pistolas son ilegales,
las sogas ceden,
el gas huele fatal...

Total, por qué no seguir viviendo".

Madame X. dijo...

Me gusta más la versión que dice:

"Total, para eso mejor seguir viviendo".

Aunque, la verdad, teniendo en cuenta cómo acabó la pobre…